El té blanco es el tipo de té menos procesado y muchos lo consideran el más natural y puro. Se elabora exclusivamente a partir de los brotes jóvenes y yemas de la planta de té Camellia sinensis, que se secan al sol o se airean suavemente sin ningún tipo de enrollado o calentamiento.
El resultado es un té muy ligero y sutil con un sabor suave, casi floral. El té blanco generalmente contiene menos cafeína que el té verde y el té negro, por lo que es ideal para momentos tranquilos o para quienes desean una experiencia de té más suave.
El té blanco tiene su origen en China, concretamente en la provincia de Fujian, donde se ha cultivado durante varios cientos de años. A diferencia del té verde y el té negro, el té blanco ha sido históricamente considerado un lujo, reservado anteriormente solo para las cortes imperiales debido a su cosecha limitada y su fina calidad.
Hoy en día, el té blanco también se cultiva en otras partes del mundo, como Nepal, Sri Lanka e India, pero las variedades clásicas de Fujian – como Silver Needle y White Peony – siguen considerándose las más codiciadas.
El sabor del té blanco a menudo se describe como delicado, ligeramente dulce y con matices florales o afrutados. Algunos lo comparan con el sabor de la miel, el melón o la hierba fresca. El bajo procesamiento significa que muchos de los aromas naturales de la hoja de té se conservan.
Visualmente, el té blanco se caracteriza por sus hojas plateadas y vellosas y su color de taza claro, de verde dorado a pálido.
El té blanco requiere una infusión suave para preservar su delicado sabor. El agua demasiado caliente puede dominar el té y volverlo amargo, por lo que la temperatura es importante.
A menudo puedes reinfusionar el té blanco 2–3 veces – a veces con aún mayor complejidad en la segunda y tercera infusión.
El té blanco contiene muchos antioxidantes, especialmente catequinas y polifenoles, que contribuyen a la protección celular del cuerpo. El bajo grado de procesamiento conserva más de los compuestos vegetales naturales del té. Además, el té blanco tiene un bajo contenido de cafeína, lo que lo hace adecuado para personas sensibles a la cafeína o como una alternativa nocturna al té negro o verde.
El té blanco es el lujo silencioso en el mundo del té: sencillo, honesto y puro. Requiere un poco de paciencia y una infusión cuidadosa, pero la recompensa es una experiencia de sabor que aporta calma y reflexión. El té blanco no es solo una bebida: es una pausa consciente.