Los coches eléctricos han cambiado el panorama del transporte personal en pocos años. De ser vehículos de nicho a la elección de las masas, el coche eléctrico ha ganado impulso, impulsado por objetivos climáticos, desarrollo tecnológico y una infraestructura mejorada. Pero, ¿qué ocurre realmente bajo el capó y cómo funciona la carga en la práctica? En este artículo analizamos de cerca el corazón del coche eléctrico – la batería – y las diferentes formas en que puedes cargar, tanto en casa como en movimiento.
En lugar de un motor de combustión, los coches eléctricos utilizan una batería para almacenar energía y un motor eléctrico para convertir esa energía en movimiento. Por lo tanto, la batería es crucial para la autonomía, el rendimiento y la vida útil del coche.
En los primeros días del coche eléctrico se utilizaban baterías de plomo-ácido, como las que conocemos de las baterías de arranque tradicionales. Estas eran pesadas, ineficientes y tenían una vida útil corta. Con el tiempo, la tecnología ha mejorado considerablemente.
La capacidad de una batería de coche eléctrico se mide en kilovatios-hora (kWh). Cuantos más kWh, mayor autonomía. Un coche urbano pequeño suele tener una batería de unos 40–50 kWh (aprox. 250–350 km de autonomía), mientras que los coches eléctricos más grandes tienen hasta 100 kWh o más (más de 500 km de autonomía).
La autonomía también depende de factores como el estilo de conducción, la temperatura, la resistencia al viento y el uso del aire acondicionado.
Una de las mayores ventajas de los coches eléctricos es que se puede “repostar” en casa. Pero existen varios tipos de carga y enchufes, lo que puede resultar confuso. Aquí tienes un resumen.
El método de carga más práctico para la mayoría de los propietarios de coches eléctricos. Se puede hacer de dos maneras:
A lo largo de las autopistas, en tiendas, aparcamientos y en ciudades encontrarás cargadores públicos. Aquí hay tres tipos principales:
Ten en cuenta que lo anterior son estimaciones que varían mucho de un coche a otro. Algunos coches tienen una curva de carga muy plana, donde la velocidad de carga se mantiene constante durante mucho tiempo, lo que significa una carga más rápida cuando se carga durante más tiempo.
La velocidad de carga depende de tres cosas:
Varios coches eléctricos y aplicaciones permiten la carga programada por la noche, cuando la electricidad es más barata y la red eléctrica está menos cargada. Es bueno tanto para la economía como para el clima.
Los coches eléctricos no solo son una solución ecológica, sino que también son tecnológicamente avanzados y prácticos, especialmente con una estructura de carga adecuada. La tecnología de baterías está evolucionando rápidamente, y lo mismo ocurre con la red de carga. Con una infraestructura sólida y comprensión de la carga, el coche eléctrico se convierte para muchos en una elección natural para el transporte del futuro.
Ya sea que estés considerando un coche eléctrico como vehículo para el trabajo, familiar o urbano, es importante informarse sobre la capacidad de la batería, los tipos de carga y las necesidades diarias, para sacar el máximo provecho tanto de la autonomía como de la experiencia de conducción.