Un tablero Ouija, también conocido como tablero de los espíritus, ha fascinado, inquietado y entretenido a personas de todo el mundo durante más de cien años. Algunos lo consideran un inocente juego de sociedad, mientras que otros creen que es una puerta al mundo de los espíritus. En este artículo profundizamos en el origen de la ouija, su uso, controversias y su papel tanto en la cultura popular como en los círculos ocultistas.
La historia del tablero Ouija comienza a finales del siglo XIX en Estados Unidos, donde el espiritismo era un movimiento en auge. Los espiritistas creían que era posible comunicarse con los muertos a través de diversas técnicas, incluyendo médiums, sesiones y herramientas físicas.

En 1890, el tablero Ouija fue patentado como un "tablero parlante" por Elijah Bond y más tarde salió al mercado como un juego de mesa comercial a través de la empresa Kennard Novelty Company. En 1901, William Fuld tomó el relevo y lo comercializó como "Ouija", un nombre que, según se dice, fue dado por el propio tablero durante una sesión.
Un tablero Ouija suele consistir en una tabla plana con las letras de la A a la Z, los números del 0 al 9, así como las palabras "Sí", "No" y "Adiós". Los participantes colocan sus dedos suavemente sobre un marcador triangular llamado planchette, que luego aparentemente se mueve por el tablero y va deletreando mensajes.
Los espiritistas creen que la planchette es guiada por espíritus, mientras que los escépticos señalan el llamado efecto ideomotor: movimientos inconscientes que los propios participantes provocan sin darse cuenta.
El tablero Ouija se ha convertido con el tiempo en una parte fija del género de terror. Desde películas clásicas como The Exorcist hasta thrillers modernos y series de televisión, el tablero suele ser retratado como una herramienta para abrir la puerta a demonios y espíritus malignos.

Esta imagen ha generado tanto miedo como fascinación, especialmente entre los jóvenes, que a menudo usan el tablero en contextos sociales. En muchos casos, es precisamente esta mezcla de emoción, incertidumbre y psicología grupal la que crea la experiencia.
Aunque muchos usan el tablero Ouija como una forma de entretenimiento, varias corrientes espirituales y religiosas advierten en su contra. Especialmente los grupos cristianos ven el tablero como un peligro potencial, ya que según ellos puede abrir la puerta a fuerzas espirituales oscuras.

Algunos sacerdotes y consejeros espirituales cuentan historias de personas que han experimentado sucesos desagradables o inexplicables después de usar el tablero Ouija, como parálisis del sueño, ruidos extraños o la sensación de ser observados.
Desde un punto de vista psicológico, existen varias explicaciones naturales para los fenómenos que se experimentan durante una sesión de Ouija. El efecto ideomotor, un fenómeno conocido desde el siglo XIX, explica cómo pequeños movimientos inconscientes pueden dar la impresión de que la planchette se mueve sola.
Además, la psicología grupal, las expectativas y la sugestibilidad juegan un papel importante. Cuando los participantes creen que sucederá algo sobrenatural, interpretan los acontecimientos naturales como paranormales.
Hoy en día, los tableros Ouija todavía se venden tanto en tiendas de juguetes como en tiendas espirituales. Mientras que algunos los usan como una diversión en fiestas, otros los emplean seriamente en prácticas espirituales. También existen versiones en línea y aplicaciones móviles que afirman imitar la experiencia.

Sin embargo, siempre se recomienda tener precaución, no necesariamente por peligros sobrenaturales, sino porque la experiencia puede ser psicológicamente perturbadora, especialmente para personas con ansiedad o una psique sensible.
Ya sea que se vea el tablero Ouija como una puerta al más allá o como un mecanismo psicológico que aprovecha nuestras expectativas subconscientes, está claro que ocupa un lugar especial en la imaginación humana. Refleja nuestra eterna curiosidad por la vida después de la muerte y lo desconocido.
Si eliges usar un tablero Ouija, hazlo con respeto, tanto por el proceso como por quienes te acompañan. Ya sea como juego o práctica espiritual, es una experiencia que a menudo deja una impresión duradera.