Cuando el dragón de Komodo fue descubierto, se le llamó el cocodrilo de la tierra, lo cual no es del todo incorrecto, ya que está protegido por una piel gruesa cubierta de escamas y tiene una constitución corporal que recuerda a la del cocodrilo. La mayor diferencia son sus patas más largas y desarrolladas, que le permiten moverse rápidamente por tierra firme.
Los dragones de Komodo pueden llegar a medir hasta 3 metros de largo y pesar hasta 80 kilos, y a pesar de su tamaño pueden moverse a velocidades de hasta 20 km por hora.
Además de carroña, los dragones de Komodo también cazan una amplia variedad de presas, desde roedores hasta jabalíes, cabras y ciervos. Los dragones de Komodo pueden parecer 'desdentados', pero en realidad tienen una serie de dientes muy afilados que utilizan para herir y matar a sus presas y para arrancar trozos de una presa o de carroña encontrada.
Los dragones de Komodo pueden oler la carroña a gran distancia y las presas a menudo son capturadas acechando y luego aprovechando su velocidad para atrapar o herir a los animales.